Llamada telefónica

A Victoriano Lorenzo, ingeniero técnico, lo llamó una mañana un abogado al que no conocía. El abogado se presentó y mencionó el nombre del bufete para el que trabajaba. Era uno de los bufetes para los que Victoriano había preparado informes que luego servían como prueba en los juicios, aunque de eso hacía mucho tiempo y por eso al abogado que lo llamó al teléfono no lo conocía. El abogado le dijo Victoriano, oye, nos han notificado una demanda que te ha puesto tu mujer. Te pide el divorcio y dinero. Cómo? Sí, bueno… nos acaba de llegar, me han dicho que te lo comunique y que concierte una cita para ver el tema. Pero cómo, no entiendo, acabo de estar con ella y no me ha dicho nada, todo era normal, y ayer también, no entiendo, volvió a decir. Estas cosas, en fin… ya sabes Victoriano, le dijo el abogado, tú vente por el bufete, no lo dejes pasar, por el plazo, que luego se nos echa encima y podemos necesitar documentos y… joder, se escuchó decir a Victoriano. Después colgó.

Victoriano no llamó a su mujer para contarle. A mediodía se encontraron en casa. Comieron. Victoriano no dijo nada. Trató de encontrar una explicación en alguno de los gestos de ella pero la entonación, las palabras, la forma de mirar, el brillo de sus ojos no habían cambiado. Eran los mismos de ayer, de todos los días.

Después de comer Victoriano caminó a su oficina de ingeniero técnico. Durante la tarde pensó varias veces en que no habían tenido hijos y en que tal vez debieron insistir y no darse por vencidos. Pensó también que habían viajado poco y que no había prestado suficiente atención o no había sabido leer.

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Esa noche Victoriano Lorenzo enfiló el muelle conduciendo su coche. Aceleró cuanto pudo y el coche voló algunos metros y después cayó a la ría. Durante los dos segundos que el coche voló antes de despanzurrarse sobre el agua, Victoriano pensó por primera vez que lo único que no tenía explicación era que la demanda de su divorcio no la hubiese recibido él mismo, sino una oficina de abogados que en realidad nunca lo había representado y cuya dirección él jamás había escrito en ningún sitio.

El abogado llamó a la oficina de Victoriano por la mañana para decirle que la mujer que quería divorciarse era la esposa de Victorino Lorenzo, que era un cliente al que alguien del bufete ya había asesorado cuando se separó de ella, que fue por las prisas que había leído Victoriano donde estaba escrito Victorino y que fue la casualidad la que puso en la misma agenda a un Victorino y un Victoriano apellidados igual. También le diría que cuando se dieron cuenta del error todos en el bufete se descojonaron y que era ya muy tarde para llamarlo y por eso lo había dejado para hoy.

El abogado lo intentó dos veces y como nadie descolgó dijo a la secretaria que volviese a llamar otra vez por la tarde y que si no había respuesta olvidase el asunto*.


*Nota del A. Yo fui el abogado que llamó a Victoriano L. y le dijo que tenía delante una demanda en la que su esposa le pedía el divorcio y una prestación, aunque las cosas no ocurrieron exactamente como las he contado. Lo que Victoriano me dijo fue simplemente qué va, te equivocas; le respondí que no me equivocaba y él dijo sí hombre, te equivocas. Nada más. Lo dijo con la misma tranquilidad con la que lo diría un soltero al que nadie puede pedirle el divorcio. Me equivocaba, era cierto. Aquella demanda era para Victorino L. y la habían notificado a nuestra oficina porque alguien había intervenido previamente en su separación. A Victorino lo llamé y el asunto aún le importó menos que al otro. Esto es lo que hay de verdad. Lo demás es deformación, invención, ficción. Todos los textos de este cuaderno contienen un hecho cierto, están construidos sobre una cierta realidad, pero al escribirlos lo que creo es que sin esa deformación la realidad sencillamente no está al alcance, ni siquiera al de uno, y es su propia realidad sobre la que escribe. Es ahí donde se encuentra la literatura, y es por eso que después de todo esa deformación, la ficción misma, acaban por ser lo único que es verdad. Me dirán que esto viene de Valle Inclán. Naturalmente.

4 comentarios sobre “Llamada telefónica

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  1. Magnífico primo! Como todo lo que tocas lo haces arte. No sabía que tenías un blog. A partir de ahora no me lo pierdo. Lo único que veo que no puedo suscribirme para enterarme cada vez que publicas…

    Un besazo y buen domingo!!!

    1. Hola Natalia. En la cabecera del blog hay tres botones. El de la izquerda es un desplegable con los archivos y entradas anteriores. Ahí hay un botón para suscribirse (follow) y recibir las entradas por e-mail. Si lo haces dime si ha habido algún problema. Un beso.

  2. Bueno, muchas gracias por los comentarios. Demasiado elogio me parece. Este blog tiene ya algo de tiempo pero ha estado en general bastante desatendido. Me parecería un triunfo hacer al menos una contribución a la semana pero es más complicado de lo que puede parecer, supongo que Natalia ya lo sabe. La verdad, no sé cómo va el tema de la suscripción, no debería haber problema pero voy a revisar la configuración por si he tocado algo que lo impide. Un beso.

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