El equipo (Diarios, 7)

Lunes

La autora, dedicada a la escritura de libros y a la escritura en periódicos, publica sus diarios con el reclamo de no habérsele pasado por la cabeza al escribirlos, ni por un momento, su publicación.

Falso testimonio en causa diarística.

Martes

He de enviar desde el despacho una carta a la central del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria. El empleado de la mensajería me pide un teléfono del destinatario, por si no lo hallan, para que puedan llamarlo y resolver la entrega. Le digo que es la sede central de un banco internacional, que alguien habrá. Ya, pero siempre pedimos un teléfono, dice. Le digo que, si no hay nadie, dejen la puta carta en el bar de al lado.

Miércoles

Ocurrió hace unos años, en un restaurante con menú de veinticuatro euros, bien considerado. Había comido allí algunas veces, pero no las suficientes como para ser reconocido o identificado por el personal. Aquel día me ubicaron en una mesa un poco apartada. Nada más sentarme coloqué a mi derecha un cuaderno moleskine negro muy parecido a este en el que escribo ahora. A la vista del camarero, que retiraba los servicios sobrantes de la mesa, lo abrí y anoté alguna cosa que no debía poder esperar. El hombre detuvo lo que hacía y durante un momento se me quedó mirando. Desaparació y después volvió a aparecer pero con otra disposición. Me preguntó qué tal me encontraba, si me gustaba la mesa, si prefería otra, si podía ofrecerme un aperitivo; desmenuzó la oferta, sugirió varias especialidades, me tranquilizó asegurándome que lo que pidiese iría a precio de menú aunque fuese de carta, todo de un modo obsequioso al que no estaba acostumbrado. Durante las sucesivas visitas a la mesa insistió en que probase alguna otra cosa, que probé, o en servirme más cantidad de lo que ya había tomado.

En lo que aguardaba por el postre abrí el moleskine y al hacerlo me dí cuenta de que era eso. El cuaderno. Por el cuaderno me debían haber tomado por alguna clase de evaluador gastronómico, por crítico o por emisario de alguna franquicia de las que puntúan a los restaurantes.

Varias veces he vuelto a probar. No en aquel local, pero sí en otros. Hacer visible mi cuaderno, ejecutar gestos de escritura en el momento y con la compostura precisas, por si de nuevo ocurría que me diesen trato de embajador. Nunca más funcionó. La última hoy, ahora mismo, mientras aguardo el café y termino lo que empecé a escribir nada más sentarme, cuando la maitre retiraba de la mesa los servicios sobrantes.

Jueves

Rebusco por la biblioteca del piso. Hace días encontré El oficio de vivir, los diarios de Pavese. Para no haberlos leído, sé como terminan, la última frase escrita, que también es mérito.

Hoy he localizado los Diarios de la Revolución de 1917, de la poeta rusa Marina Tsviétaieva.

Viernes

Javier Pérez Andújar en El año del Búfalo, su última novela: los días son para los literatos y las semanas para las clases asalariadas; los meses, para oficinistas y directivos.

Yo, oficinista, he empezado a escribir las semanas por días.

Cuál es mi tercio.

Sábado

A las siete y media he tenido que bajar al garaje, a por el portátil, olvidado en el maletero del coche.

No se puede decir que no haya salido de casa.

Domingo

En la UE hay un equipo especializado en las mentiras rusas que se llama EUvsDisinfo. Los norteamericanos, con menos cultura de balneario, nombran mucho mejor a sus equipos.

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