La calle de Negrín

No hace mucho dieron por televisión un documental sobre Juan Negrín y yo lo encontré por casualidad buscando otro programa. Viéndolo recordé el tiempo en que perseguí mi propio relato del tiempo de la República y la guerra por librerías de viejo y de saldo, por reediciones, por cintas VHS. Encontraré en esos lugares memorias y diarios. Largo, Prieto, Martínez Barrio, Zugazagoitia, Álvarez del Vayo, Azaña, Alcalá-Zamora, Vicente Rojo. También retratos templados por hispanistas que antes fueron orientalistas, Gibson, Thomas, Preston, Brennan.

No habrá relato porque hechos y personajes se sobreponen a la narración misma y ésta me parecerá falsa, si no banal. Cuando llamen a su puerta, Calvo Sotelo estará en pijama y antes de salir de casa para recibir la muerte se vestirá con traje y llevará en un maletín lo necesario para su aseo. A Casares Quiroga, sentado a la mesa, la historia le pedirá que descerraje las puertas de los depósitos de fusiles para que entren milicianos y sindicalistas a por ellos, o que lo prohíba para contener la tromba de sangre y no será capaz de ninguna de las dos cosas. Azaña saldrá del país a pie por el paso de la Bajol y descenderá hacia Francia apoyándose en las manos por una barranca helada porque es invierno y noche y nadie lo espera aunque presida una República.

En La Bajol Juan Negrín, que fue médico con veinte años, será visto despidiendo a Azaña. Negrín también saldrá de España a poco tardar y el exilio va a perpetuar en su rostro un rictus amargo que impregnará toda su vida y las vidas de los otros, los hijos, los nietos, los biógrafos.

En el documental lloran los nietos de los exiliados. Los nietos de los exiliados hoy son ancianos. Mexicanos. Llora una nieta de Juan Simeón Vidarte. Llora la nieta de Negrín y también llora Gabriel Jackson, biógrafo de Negrín. A Jackson va a atravesarlo nuestra guerra como lo atravesaría un rayo, dejándolo muy herido.

Al tiempo que atendía el documental busqué la etiqueta #Negrín en el tuiter  y lo que voy a encontrar es el aviso de un accidente de tráfico sucedido en la calle #Negrín, en algún lugar de México o de Venezuela. Acaso Negrín tenga una calle con su nombre en el destierro. En Madrid no hay calle para Negrín y en eso sólo, o en los ojos que el historiador Gabriel Jackson cubre ahora con su mano, está contada la guerra entera.

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