El incendio (un buen capítulo)

El jueves quedé con Martin para comer. Martin, además de amigo, se llama como yo, Alex. Pero no Martín, sino Martin, sin la tilde aguda, porque su padre y su apellido son franceses. Alex Martin, dicho por él no martín, sino mágta, saliendo al paso de nuestra homonimia.

Me contó que su edificio, el edificio en el que vive, había estado a punto de arder la víspera por la mañana temprano y que aunque la familia estuvo pronta para el desalojo, en fila india, los dos niños primero, al final, justo cuando salían del piso, un bombero les ordenó volver a entrar y encerrarse.

– Pero había peligro o no había peligro -pregunté-.

Dijo que no sabía bien, que lo había despertado un jaleo enorme de carreras y golpes en el descansillo y que fue a interesarse a través de la mirilla, y como nada más veía que bultos como sombras que iban y venían, porque la mirilla estaba rayada o sucia, incapaz de entender abrió la puerta en traje de dormir, y aunque iba sin las gafas sí reconoció un bombero por el uniforme, a la carrera hacia arriba, y a otro que hacía lo mismo hacia abajo, y escuchó voces por el tiro del edificio, y también vió a un mujer de pelo rubio que bajaba, con otra más asidas las dos del brazo, y que como la creyó Araceli la del octavo, con la confianza de conocerse le preguntó y la otra le dijo, sin detenerse, que había habido una explosión en el séptimo, butano o algo ilegal, a saber, y lo conminó a salir a toda prisa del inmueble.

Martin, que vive en el segundo, reconoció que no tuvo tiempo de pensar cómo es que semejante voz de alarma no la habían dado ninguno de los bomberos a los que había visto, que ni siquiera habían golpeado en su puerta ni llamado por el interfono, y urgió a toda la familia a abandonar la propiedad, vamos, venga, fuera, ya!

Le pregunté lo que cualquiera querría saber; si, en la tesitura de tener que salir por piernas de su casa, quién sabe si para no regresar, echó mano de alguna posesión querida, un fetiche, al menos el portátil con su manuscrito.

– Eso los niños -dijo-, que cogieron el iPad y un maletín de Playmobil. Nosotros nada, ni dinero, no te dá tiempo a pensar-.

Fue cuando salían todos al rellano que apareció un bombero, un operario que se mostró neutro en los vocablos, pero que por su tono de voz Martin dedujo que estaba pensando algo como pero se puede saber dónde van, que nadie les ha mandado salir, quieren hacer el favor de meterse en su casa, que bastante jaleo hay ya. Al contármelo no pude evitar recordar, actualizándola, la orden de aquel golpista al presidente del gobierno hace tantos años: señor Suárez, permanezca en su escaño! Señor mágta, permanezca en su piso!

Martin se hizo idea de la situación a no mucho tardar y gracias a una red de mensajes cruzados por su mujer con vecinos hábilmente escogidos, algunos de ellos de veraneo a cientos de kilómetros del foco, que incluyó la recepción y reenvío de un vídeo, grabado desde uno de los edificios que hay frente al suyo, en el que se veían llamaradas salir de uno de balcones de los pisos altos. La explosión fue descartada y se supo que el incendio no había pasado de una combustión muy aparatosa en una terraza, que perjudicó a las que había encima por el efecto del carlor y el humo, pero que apenas comunicó al interior de las viviendas. Un fuego lucido pero superficial.

El desalojo a medias, frustrado, en lugar de aliviarlo, a Martin en el fondo le había caído mal. Martin vive en tercera persona, se representa su vida más que vivirla, pensando en escribirla no sabe cuándo, y lo que le pasa parece como si lo estuviese leyendo o se lo contasen; dijo que el bombero bien podía haberlos dejado consumar, ganar la calle despeinados y a medio vestir como estaban, con la angustia de no saber aún en qué acabaría todo y hasta con cámaras de televisión por medio, y que al impedirlo es como si le hubiesen capado, eso dijo, un buen capítulo de su libro, uno de los mejores.

Lo decía en serio.

Captura del digital del diario Faro de Vigo del miércoles 11 de agosto de 2021

3 comentarios sobre “El incendio (un buen capítulo)

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  1. Interesante artículo que, a base de tu proverbial juego de dobles sentidos internos, sin ser un tema de risa sino muy serio, acabas riéndote del pobre Martin o magta, amenazado por los bomberos, con una mujer cotilla y, encima, escritor frustrado… pero lo mejor es la ironía que desprende. ¡ ENHORABUENA!!

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  2. Lin de golpe as dúas últimas entradas. Coincido cos comentarios que xa teñen.
    Para min es un bo escritor aínda que non teñas publicado en formato libro.
    Unha marabilla como sacas literatura, é dicir misterio e magnetismo, de todo.
    Tes un estilo propio e maduro, ao alcance de moi poucos.
    Felicitacións enormes.

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