Abreu el canario

A mí una vez me echaron de una sede del PSOE. Lo he recordado al ver a este señor andaluz que aparece en la televisión, que ha dimitido de su puesto de alto dirigente del partido y ahora no lo dejan pasar al despacho por sus efectos. ‘El retrato de mi hijo’, dice a los periodistas que lo han rodeado junto al portal del edificio. No dice ‘mi maquinilla de afeitar’, ni siquiera ‘mi agenda’. Pide el retrato de su hijo porque quiere encogernos el corazón y ponernos de su lado. El andaluz es un político listo, no un vulgar ejecutivo de esos que sacan de su despacho una planta por única posesión. Por algo ha sido el número tres.

Fotografía tomada por el autor en Compostela en diciembre de 2015

Si has militado alguna vez en el PSOE y no te han echado de una sede del partido, o no han disuelto tu ejecutiva al menos un par de veces, es que en realidad has militado en otra cosa, no en el PSOE.

Yo milité poco, la verdad, casi todo el tiempo en la juventud socialista, aunque debí hacerlo bastante bien, tan bien que a mi ejecutiva, la ejecutiva de la que yo formaba parte, la disolvieron sin miramientos y a mí me echaron de la sede lo mismo que al señor andaluz que está en el televisor.

El día que me echaron yo estaba con Abreu el canario. Todo vino después de una disputa entre la juventud socialista española y el partido socialista de Galicia por ver quién mandaba sobre la juventud socialista gallega. Los del partido, por mostrar su autoridad, disolvieron nuestra ejecutiva. La juventud socialista de España reaccionó y envió dos tipos a Compostela para dirigir la reorganización. Uno era cordobés y el otro Abreu el canario. Alguien me llamó para decirme que querían verme y hablar conmigo. Nos citamos en un restaurante italiano que estaba cerca de mi facultad y de su hotel. Los enviados fueron al grano: Chema Crespo, que hoy frecuenta las tertulias de la radio y la televisión y que entonces mandaba en la JSE, quería que yo fuese el secretario de organización de la nueva ejecutiva. Cómo va a querer Chema Crespo que yo sea secretario de nada si no me conoce, les dije. No te preocupes, me respondieron, Crespo tiene un informe sobre ti. La respuesta primero me impresionó y después me preocupó, porque por entonces yo iba a la facultad conduciendo el coche de mamá y vestido con una trenca Burberry de lana de cashmere como un señorito y con esa información la juventud socialista podría hacerme un auto de fe en cualquier momento. Qué dice el informe, pregunté. Que eres universitario y llevas agenda y eso ya es mucho, créenos.

Dí vueltas al asunto durante los dos o tres días en que acompañé a Abreu por Santiago tratando de armar una ejecutiva de bar en bar. Uno de aquellos días subimos a la sede central de partido y allí, en cuanto se supo quién era Abreu y a qué había venido a la ciudad, nos pusieron a los dos en la puerta. Abreu volvió a Madrid y yo lo visité muy poco después con mi respuesta. Tenía un despacho en la sede de la calle Santa Engracia al lado del de Chema Crespo. Abreu me lo presentó. El despacho de Crespo había sido en tiempos el despacho de Felipe González o de Alfonso Guerra. Así que tú eres el de la agenda, me dijo, contamos contigo entonces? Aquel día me despedí de Abreu y de la juventud socialista.

El tumulto de periodistas en torno al señor andaluz se ha disuelto. Con Abreu* aún en la memoria, en la televisión aparece ahora una fotografía suya. La casualidad me asusta porque de Abreu no supe más desde el día en que nos despedimos en Madrid y ahora lo veo en la pantalla con veinticinco años más y porque en el fondo no creo en las casualidades.

Al tipo que nos ordenó a Abreu y a mí salir de la sede lo vi hace algún tiempo, fotografiado en el periódico junto a su abogado, en la puerta de un juzgado.


*El pasado 28 de septiembre un total de 17 integrantes de la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE, entre ellos el señor andaluz, presentaron en bloque su dimisión para forzar con eso la caída del Secretario General de partido. Los 17 fueron suficientes para dejar en minoría a los no dimitidos porque en la ejecutiva se habían producido con anterioridad tres vacantes que quedaron sin cubrir. Sumadas las vacantes a las dimisiones, la ejecutiva en activo se redujo hasta quedar integrada por menos de la mitad de las personas que la constituyeron lo cual, aunque esto es discutible, significa su automática disolución. Lo que pasó después probablemente aparezca en futuros libros de historia. Las tres vacantes de la ejecutiva alteran sin voluntad los equilibrios del órgano y por eso son noticia: Pedro Zerolo, muerto; Gómez Besteiro, dimitido al ser procesado; Javier Abreu, dimitido  hace pocos meses por desacuerdos con la dirección sobre asuntos de Canarias.

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