Ficciones

Juan y José es el título de una canción de J. M. Serrat. Trata de la amistad. Juan y José sentados contra el muro del frontón hacían planes mientras reponían fuerzas. El comienzo parece el preludio de uno de aquellos casos de derecho penal que nos daban a resolver en la facultad y que solían empezar por Juan y José, sin antecedentes penales, planearon

Juan y José casi siempre planeaban cosas como robar en un piso y acababan matando al conserje del edificio, queriéndolo a medias, o queriéndolo uno pero el otro no, o hasta sin quererlo, porque el conserje los descubría yéndose con el televisor a duras penas y en lugar de dejarlos ir o de echar una mano para bajar un aparato que entonces pesaba como poco treinta y cinco kilos, acababa entregando su vida para defender los bienes de los propietarios del piso, mientras los propietarios solazaban en cualquier playa, porque los delitos con escalo o fractura eran propios del verano.

Un par de años después de terminar la carrera me invitaron a participar en un juicio simulado para estudiantes en prácticas. Yo haría de testigo de uno de los contendientes y tendría que negar que en la finca de mi vecino hubiese existido nunca un camino de servidumbre. Yo me presenté allí como si tal cosa y sin que nadie me hubiese advertido de que en realidad lo que yo iba a declarar era mentira; mentira era todo, pero allí por lo visto había algunas cosas falsamente ciertas y otras falsamente inciertas y éstas eran las mías; sin esperarlo me encontré con que el tipo que hacía de Juez, que había sido compañero mío de aula y que opositaba para Juez, dijo en alta voz si no me daba vergüenza ir a mentir a una sala de justicia, que lo que yo hacía era repugnante porque acababa de prestar juramento de decir verdad y que él se iba a encargar de que me abrieran proceso por falso testimonio en causa civil y como le habían dado un mazo aporreó la mesa con él llamando a la fuerza pública para que me detuviese y entonces entró en la sala un tipo vestido de Guardia Civil con arma y todo y yo empecé a no entender el asunto y al que hacía de Juez le dije Santi se te ven maneras pero te pasas un poco y entonces Santi se desató en gritos y mazazos diciendo llévense a este sujeto de mi sala, y el tipo que había entrado me agarró con mucha fuerza y como me resistí y le dije algo como tú qué haces gilipollas, desenfundó una porra porque era un agente de verdad y estaba puesto allí por un convenio que la Guardia Civil tenía con el aula de prácticas de la Facultad y con la porra hizo ademán de sacudirme y me hubiera sacudido de no ser porque allí uno que organizaba preguntó si había quedado suficientemente claro en qué consistía la potestad de policía de estrados y los alumnos rompieron a aplaudir.

Sombra del autor en el muelle de Vigo.

Un día, años más tarde, vino a verme para que lo defendiese un tipo al que iban a procesar porque imprimió un billete y lo dio en pago por un electrodoméstico a uno tan ansioso del dinero como para no darse cuenta. Cuando lo descubrió, el otro lo buscó para acuchillarlo porque su electrodoméstico lo había vendido para poder pagarse sus adicciones y como no lo encontró se limitó a denunciarlo a la policía porque falsificar moneda es un delito grave. Dirás que que estabas muy bebido y que el billete te lo dieron a tí aquel mismo día y que no reparaste en que era falso cuando se lo diste al otro por su electrodoméstico. El lo dijo todo muy bien y de un modo convincente en las instancias por las que fuimos transitando pero la historia no coló y al final lo condenaron aunque con una pena simbólica porque el proceso duró siete u ocho años y las dilaciones lo beneficiaron.

Cité al tipo para informarlo. Es injusto, me dijo. Usted sabe igual que yo que aquel día yo había bebido mucho y que el billete me lo dieron y yo no supe que era falso entonces ni tampoco cuando pagué con él. Igual que a este he conocido a otros que quedaron atrapados en su ficción defensiva y a los que después no hubo forma de desengañar.

Cómo la realidad puede sucumbir a la ficción hasta que la ficción se imponga como lo real alterando incluso sus propiedades físicas lo mostró Borges en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius*. Más aún, mostró que el sistema de lo real es una idea intercambiable por cualquier otro sistema ideado.

Después de todo, no había que llegar tan lejos para comprobarlo.


  • Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, relato de Jorge Luis Borges compendiando en Ficciones (1944).

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.